El Barco Hundido
Explorando en lo desconocido
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🕰️ 6 minutos de Reconexión (leyendo)
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¡No puedo Respirar!
— ¡No me está entrando el aire, siento que me ahogo y faltan todavía 15 metros más para bajar!
Esto decía mi mente en modo de supervivencia mientras me adentraba en las profundidades del mar con el equipo de buceo.
Desde hace muchos años, uno de los hitos en mi bucket list ha sido bucear un barco hundido. El misterio que lo rodea me ha fascinado desde niño. Este fin de semana se presentó la oportunidad inesperadamente.
– Súbete a la lancha – me dijo Richard, un gran y querido amigo desde hace más de 25 años.
Me puse el wetsuit, las aletas, el visor y finalmente el pesado tanque de oxígeno en la espalda. Hice tres respiraciones profundas y me lancé de espaldas a lo desconocido.
Alicia, nuestra guía de buceo, comenzó a descender primero. La seguí inmediatamente porque solo la veía desaparecer en el gran vacío del mar abierto, en una neblina entre verde y azul que parecía infinita.
Para no perderla, cometí el error de bajar demasiado rápido, y me sucedió algo horrible por primera vez en una sesión de buceo. Sentía que me quedaba sin aire. Tenía el corazón acelerado y no lograba respirar en calma. Sentía que me estaba acabando el aire dentro de una bolsa de plástico. Además, me había entrado mucha agua al visor, lo cual complicaba las cosas.
Entré en modo supervivencia y le hice la señal a Alicia de que algo andaba mal.
Nos detuvimos un minuto y recordé lo que había aprendido en los cursos. Soplé por la nariz hacia arriba para sacar el agua del visor y comencé a respirar de forma más tranquila y pausada. Reconecté conmigo y me estabilicé.
De modo que seguimos descendiendo por el vórtice verde-azul.
Sentí una calma combinada con asombro cuando vi la proa del barco un hundido.
Se trataba de un barco chino que fue hundido deliberadamente por el gobierno para convertirlo en un arrecife natural.
Tiene más de 100 pies de longitud y en su interior, la vida marina ha encontrado un hogar.
Primero recorrimos la parte exterior del barco en compañía de cientos de pecesitos de colores. Hasta que llegó el momento de valentía: Cruzamos a través de una oscura y estrecha ventana para explorar el interior del barco.
La luz apenas iluminaba ese compartimiento. Rich me señalaba con asombro hacia el techo. Las burbujas estaban pegadas arriba y parecían mercurio que resplandecía en tonos plateados.
De pronto nos acompañaban no cientos, sino miles de peces diminutos que nos recibían amablemente en su nueva casa.
Unos momentos después nos encontrábamos en la cabina de mando, donde el capitán tomaba el timón.
Salimos al exterior del barco y seguimos entrando y saliendo por los camarotes, salones y cuartos.
Finalmente hicimos la última entrada. Era un pasillo completamente oscuro. Fue algo verdaderamente aterrador. Pero confié en Alicia y confié en mí. Seguí avanzando y ajustando mis ojos a la oscuridad de lo desconocido. Esto permitió que la poca luz que se filtraba nos guiara por el camino correcto hacia la proa.
En uno de los compartimentos encontramos un espacio en el techo donde aun quedaba aire.
Subí y me sentí en una de esas películas (tipo Titanic) donde se están ahogando y les quedan 15 cm de aire en el techo. Rich y yo nos volteamos a ver a través del visor en ese espacio con aire.
Descendí nuevamente al cuarto y a través de una puerta vi algo mágico. Una silueta que se movía con gracia y suavidad. Era un lobo marino que nos recibía en su cuarto privado.
Este amigo subía a la burbuja en el techo a tomar un poco de aire. Después descendía y nos observaba con curiosidad.
Cerramos aquel descenso con broche de oro. Este lobo marino fue un gran regalo que el mar quiso mostrarnos en esta aventura.
La subida a la superficie pasó como una eternidad, pero había que hacerlo con calma y con cuidado.
Durante el trayecto de regreso en la lancha estaba mudo con el asombro de lo que acababa de suceder. Me costó un tiempo procesar todo lo que había acontecido unos momentos antes.
La Paz
Sabes que mi bandera y parte de mi propósito de vida es conectar con la paz en sus diferentes manifestaciones.
En esta ocasión un querido grupo de amigos volamos a La Paz, Baja California para explorar los tesoros del Mar de Cortés.
Con la generosidad de mi amigo y hermano, Santiago, tuvimos el gran regalo de compartir momentos de expansión y conexión en su barco.
Santiago nos trató como reyes con la comida más deliciosa. A cada uno nos hizo preguntas profundas que nos hicieron reflexionar de dónde venimos, en dónde nos encontramos y hacia dónde vamos.
Fue un viaje de amigos diferente, porque aprovechamos cada espacio y cada momento. Hicimos ejercicio, meditamos juntos y disfrutamos del mejor vino.
Un día salimos juntos a explorar una de las islas. Nos encontramos con un paisaje fuera de este mundo. La arena resplandecía en tonos contrastantes. Un espejo de agua surreal reflejaba el cielo y nuestra alegría. Conchas de mar y piedras de colores alumbraban nuestro recorrido y las olas armonizaban cada paso que dábamos.
Luis y Rich decidieron espontáneamente ponerse a correr. Recorrieron varios kilómetros mientras los demás explorábamos este territorio enigmático.
La Conexión
Otro día emprendí una aventura en kayak para conquistar una de las playas.
Estaba repleta de piedras de colores, parecidas a las piedras de río. Me acosté en la orilla sobre las piedras y el agua, y dejé que el agua me arrullara.
Luego San se unió a la aventura y con generosidad me compartió palabras de sabiduría desde su experiencia de vida, hablando desde el corazón.
Reímos todos juntos a carcajadas y hasta lloramos con las palabras de Guillermo que salieron desde el corazón.
Disfrutamos la vibra tranquila y alegre de Jose, con su lado creativo despertando nuevamente. Reímos con el humor burlón de Luis y nos inspiramos con su voluntad y dedicación al trabajo, a pesar de estar de vacaciones.
Guillermo capturó momentos inolvidables a través del lente de sus cámaras. Richard enriqueció el ambiente con buena música y su apreciación por la belleza de la vida abundante y alegre que nos rodea.
Mi querido San sigue siendo una inspiración para soñar más en grande y actuar con valentía y tenacidad a pesar de las dificultades que la vida nos arroja.
En repetidas ocasiones lo escuché dar gracias a Dios por el presente que estábamos viviendo, segundo a segundo. Apreciando la fuente vital de esta existencia.
Me recordó la importancia de la generosidad y de compartir momentos con gente que admiras y aprecias profundamente.
Para Cerrar 📩
Hoy quería recordarte la importancia de confiar en la vida. De incomodarte y lanzarte al vacío las veces que sea necesario.
Reconocer lo que sientes a veces da mucho miedo. Es como el vacío del mar infinito y los compartimentos oscuros de un barco hundido. Es solo en el momento en que tomas la valentía de explorar, que descubres los tesoros más valiosos.
Quería recordarte asimismo la magia de explorar dentro de ti y alrededor de ti. Porque el asombro es algo que nunca debes perder.
La magia y la belleza están ahí si sabes abrir los ojos, activar tus oídos y sentir con el cuerpo. La belleza está en los sonidos de la Naturaleza, en el silencio y en la buena música; está en el aroma del mar y en una copa de vino o una taza de café.
La belleza también la puedes encontrar en el más oscuro rincón, como los camarotes de un barco hundido en el tiempo, así como la encuentras en el vasto horizonte, con sus frescos amaneceres y cálidos atardeceres.
Si habías olvidado esa grandeza que vive en ti, recuerda la inmensidad del océanos, porque no eres una gota, sino el océano mismo representado en tu imagen, que es única e irrepetible.
Recuerda la importancia de rodearte de gente inspiradora y próspera.
Sobre todo, recuerda esa grandeza que ves en el espejo de las personas que amas y admiras, porque también vive dentro de ti.
¡Ahó!




