12 Horas Caminando
50 km por la CDMX
RECONECTA CONTIGO: 132
🕰️ 5 minutos de Reconexión
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Si quieres ir rápido ve solo, si quieres llegar lejos ve acompañado.
– Proverbio africano
El Reto
Hace una semana emprendí una pequeña aventura junto con Patrick Heinemann, un gran amigo y hermano de la vida. Caminamos sin parar durante 12 horas por la increíble Ciudad de México.
Hace un par de años escalamos juntos hasta la cima del Pico de Orizaba. Esta vez me escribió unas semanas antes para proponerme este plan y no dudé ni un segundo en aceptar. Se inspiró en un libro titulado, The 12-Hour Walk: Invest One Day, Conquer Your Mind, and Unlock Your Best Life, de Colin O´Brady. La idea del libro, en realidad, es que inviertas 12 horas tú solo, sin celular, e intentando no interactuar ni platicar con nadie, con el propósito de entrar en una profunda introspección.
Me lo propuso en plan de accountability partner, de modo que iríamos caminando juntos en completo silencio. Fue así que preparamos todo. La mochila, la ruta, las piernas, la mente y el tiempo.
Trabajé durante el fin de semana para poder dejar todo mi lunes libre: sin juntas, ni calls, ni clientes, ni comidas ni nada.
La Ruta
Salimos a las 6:45 am desde el reloj del Parque Lincoln con mochilas donde llevábamos agua, snacks y un sandwich. Sincronizamos relojes y dimos el primer paso.
Caminamos exactamente UN MINUTO Y MEDIO en completo silencio y dijimos:
— No mames, a la chingada, mejor sí hay que platicar.
Jajajajajajajajajajaja
Le conté que durante mis diez días recorriendo el Camino de Santiago, lo que más me llenó el corazón fueron las conversaciones que tuve con la gente que iba conociendo. La parte introspectiva es una maravilla, pero no había manera de lograrlo 12 horas seguidas si estábamos juntos.
Mientras salía el sol pasamos por un café turco buenísimo, que pedimos para llevar, y comenzamos a hablar sobre la vida. Recorrimos esta magnífica ciudad, entre parques, árboles, edificios antiguos y cambios drásticos de escenografía.
Lo máximo que yo había caminado en un día eran unos 35 km. ¡Pero esta vez recorrimos 50! Más que un maratón. Fueron más de 60 mil pasos en un día y más de 3,200 calorías.
Solo hicimos descansos breves de 10 minutos, para no perder el ritmo.
Pat imprimió las indicaciones de la ruta, de modo que no usamos el celular para nada. Se trataba también de un detox digital muy necesario hoy en día. Solo tomamos un par de fotos para el recuerdo. Para lo demás, usamos la mejor cámara que se ha inventado hasta el día de hoy: el ojo humano.
Algo súper interesante era que, no importaba la distancia, sino que cumpliéramos las 12 horas. Por lo cual, cuando encontrábamos un parque, le dábamos toda la vuelta. Eso se convirtió en un espectáculo de jacarandas, ahuehuetes, hules, sauces y fresnos.
Estábamos impresionados de todo lo que vimos en un solo día, ya que cubrimos: Polanco, Anzures, Cuauhtémoc, Juárez, Centro, Roma Norte y Sur, Condesa, Del Valle, Narvarte, Coyoacán, Florida, Guadalupe Inn, San José Insurgentes, Nápoles, Escandón, San Miguel Chapultepec y otras más. Todo en un mismo día.
Apreciamos en completa presencia el Paseo de la Reforma, el Parque Hundido, la Alameda Central, Bellas Artes, el Palacio de Correos, las puertas de colores y edificios porfirianos en la Roma, las calles empedradas en el sur. Los miles de cafés y restaurantes…
Fue un recorrido lleno de belleza, asombro, risas, arte y Naturaleza.
La belleza verde
Algo que aprendí es que, un común denominador de las colonias bonitas, más allá de los edificios, es que simplemente… tienen muchos árboles.
Los árboles dan sombra, regulan la temperatura, limpian el aire y además le dan vida a las calles. Las adornan con su gran belleza y majestuosidad.
Muchas de las colonias pobres no tienen más que un arbolito enclenque por ahí, sobreviviendo en una banqueta. Es muy triste esa situación. Ojalá juntos podamos hacer algo al respecto, para reverdecer y dar vida a nuestras ciudades.
Con el calorón que nos tocó, cada árbol era una bendición y un alivio.
Por eso, al entrar a los viveros de Coyoacán decidí tirarme al pasto boca arriba a reconectar con el bosque y la riqueza de la tierra. Fueron 10 minutos muy bien invertidos, los cuales nos dieron energía para emprender el viaje de regreso.
Pat fue un gran compañero de caminata. Con muchísima energía. Los últimos kilómetros yo ya iba caminando como una araña recién aplastada; él como si nada.
Nos despedimos con un gran abrazo para emprender cada quién sus últimos kilómetros hasta nuestras respectivas casas. Pat seguía con fuerza y se echó 2 km más que yo, y los últimos corriendo. Está loco.
Yo iba ya valiendo madres al final. Parecía un loco en la Condesa usando bastones de hike para no caerme. El dolor en los pies era muy potente.
Fue una gran dosis de dopamina bien ganada, también de oxitocina y endorfinas. Un reto más para la lista y para los recuerdos de la vida.
Pat: Gracias hermano querido por pensar en mí para esta experiencia. Que sigamos inventando aventuras y retos, de esos que nutren el alma.



Te comparto la perspectiva de Patrick:
Me quedo con dos lecciones: (1) en un mundo lleno de estímulos, regalarnos tiempo prolongado de movimiento puede ser una de las herramientas más simples - y más potentes - para pensar mejor; (2) cualquier proyecto o reto se divide en “pedacitos” - en este caso fueron 12-horas y 50 km, paso a paso.
Para Cerrar 📩
¿Para que te comparto esto?
Lo hago para inspirarte a que pruebes algo nuevo en estos días. No tiene que ser algo así de exagerado. Puedes probar dos caminos:
A. Sal a caminar tú solo(a), unas horas. Sin música, sin cámara. Solo contigo. Y observa mucho. Observa los movimientos de tu cuerpo, tu respiración, tu mente, los estímulos. Los colores, aromas y sabores. Reconecta contigo al caminar.
B. Sal a caminar con algún ser querido. Platiquen sobre la vida. Sobre sus sueños y metas. Sobre el regalo de estar vivos. Saborea cada paso, cada inhalación y exhalación. Disfruta cada risa y cada recuerdo generado en tu memoria de esta vida. Reconecta con el otro al caminar.
¡Ahó!
Reconecta Contigo
Santiago ♾️
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Felicidades, hacer siempre altos en el camino aunque sean pequeños, nos ayuda a ver nuestro propósito con más claridad y a seguir disfrutando de ese camino